El
abuelo
La noche de la boda, cuando
todos los invitados se fueron, el sargento primero de la Guardia Nacional
Marcial G. entró a la habitación con sus botas militares relucientes de betún,
tomó el velo, la corona y el vestido de novia y se fue a empeñarlo por una
media de licor.
Entrevista
“Por favor llegar media hora
antes”, leyó al final del correo. Cuando el taxista se extravió dos veces
estuvo a punto de un colapso nervioso. Después de media hora dieron con el
lugar. Agitada, se sentó acomodándose la blusa, se retocó el maquillaje cubriendo
el rastro de sudor y de susto por el retraso. Cuando pasó a la sala de
entrevista esperaba ver a dos o tres personas como jueces de algún reality show estadounidense pero sólo encontró
un par de pruebas psicométricas. Las leyó de principio a fin y en lo más hondo
de su corazón deseó seguir dando vueltas con el taxista, perdida en algún
rincón de la ciudad.
Cenicienta
Se convirtió en el personaje
del cuento, el dolor lo sintió tan suyo que hasta salpicó con un poco de
lágrimas a la señora que iba sentada a su lado. Al bajar de la ruta, la doña la
miró con lástima y le sonrió queriendo animarla, ella guardó el libro en su
bolso, se ajustó las botas, bajó en la parada de Plaza Inter, cruzó la avenida
y se fue a esperar la clientela de la noche.