domingo, 12 de octubre de 2014

Microrrelatos

1. EXTINCIÓN
La sierra fue manipulada por el hombre y entró al bosque sedienta de savia; desde entonces ha dejado regados sobre el suelo una multitud de árboles de pino.

2. INVIERNO ATROZ
Se despidió de su hijo, diciendo: “Si llueve fuerte no vayas cerca del cauce”; no lo volvió a ver hasta dos días después cuando encontraron su cuerpo flotando en el lago.

3. EL PEDERASTA
Se dio tres golpes en el pecho, rezó un padrenuestro y juró no volver a pecar, luego dejó el cuerpo del niño tendido sobre el altar.

viernes, 11 de julio de 2014

Esto no es cuento

Por Blanca García Monge 

–Ignorante–. Fue lo primero que pensé cuando escuché decir “las mujeres son las responsables de la violencia y el maltrato hacia ellas”. –¿De quién vino la expresión?, no importa–; aunque no parezca existe una gran cantidad de personas que piensan así, incluyendo mujeres.
Sin recibir un golpe que me dejara una marca física, me sentí violentada, porque la violencia va más allá de la física o sexual; también es psicológica y emocional, esto ya lo sabemos, pero me espanta darme cuenta que lo aceptamos como algo natural y cotidiano.
La violencia en contra de las mujeres es un tema que sobrepasa las opiniones, estadísticas y cuánta manifestaciones hagamos; los discursos suenan vacíos y estáticos frente a la realidad de quienes la sufren de manera directa y brutal.
El asunto en Nicaragua se volvió un problema social, sin precedentes, generado por razones de orden cultural, religioso, económico y hasta político, entre otros.
Suena contradictorio que a Nicaragua se le clasifique como el país más seguro de Centroamérica, – ¿seguro para quién?– me pregunto. No para nosotras, 48 mujeres asesinadas es la cifra contabilizada por los grupos de mujeres contra la violencia durante lo que va del año 2014; sin embargo la Policía contabiliza sólo 18 casos de femicidio.
Escucho opiniones sobre la Ley 779 (Ley integral sobre la violencia hacia las mujeres); atribuyéndole que a raíz de su aprobación, hay más violencia y más muertes. Pienso que de cierta manera nos hemos quitado la venda de los ojos y nos estamos atreviendo a denunciar, esto eleva el registro y evidencia un problema con el que hemos convivido siempre y del cual históricamente nos ha dado miedo y hasta vergüenza de hablar y aceptar.
Vemos a diario en los medios de comunicación, escritos y televisivos, cómo abordan el tema –amarillistas a veces–, ilustrándolo con imágenes inhumanas que atentan contra la dignidad de las mismas mujeres asesinadas, no es mostrando sangre como se educa, eso alimenta el morbo, igual que las novelas con contenido machistas.
–Lo denuncié en la policía y me sigue amenazando, tengo miedo por mi hija y por mi vida, la policía no ha hecho nada–. Declaraba llorando una joven en un medio de comunicación. Un secreto a voces es la ineficiencia con la que proceden las instituciones públicas encargadas de la protección ciudadana, con la cantidad de mujeres muertas hasta el momento, se les está saliendo de las manos la situación y no sólo a ellos sino también a nosotros como sociedad.
– ¿Cuántas veces hemos sido testigos de un maltrato?–.    Por evitar problemas ajenos no hacemos nada, volviéndonos cómplices de la violencia.
Del maltrato intrafamiliar al acoso, continuando con amenazas de quitarles a los hijos, el chantaje emocional y económico, hasta que todo acaba quitándoles la vida.
Aprendemos a hacer lo que vemos, lo que nos enseñan en nuestras casas, en nuestra escuela, en el círculo de amigos, en la televisión, en la música, en las películas.  Estamos inundados de imágenes y música violenta, donde la mujer es sólo un objeto sexual y comercial.
La lucha para romper ese ciclo de violencia debe ser un esfuerzo conjunto, compartido entre el estado y la sociedad, sin politiquería ni religiosidad.
Por más que reflexiono sobre todo aquello que ha llevado a la muerte de mujeres, no logro entender por qué tanta violencia y agresividad, nada justifica estas acciones. La pasividad parece ser un estado en el que nos hemos sumergido durante décadas ante la violencia ejercida contra la mujer.
No sé hasta dónde resultan efectivas las marchas y las manifestaciones públicas y sí de verdad contribuyen a reducir el problema, sin embargo, todo esfuerzo es válido mientras no nos quedemos en silencio, el femicidio es un problema que atañe también a los hombres porque son padres, hijos, hermanos, primos, de una mujer a quien le han arrebatado el derecho a vivir.
La violencia hacia las mujeres, está socavando las bases de nuestro desarrollo y seguridad humana. Sí, también frenamos el desarrollo social, humano, intelectual, económico, político del país; porque las mujeres contribuimos a través de nuestro trabajo y esfuerzo al desarrollo de la nación.
No somos vulnerables por nuestra condición de mujer, ni débiles, ni objetos sexuales o comerciales, no nacimos para ser amas de casa ni para parir hijos, somos lo que nosotras queramos y decidamos ser. Exigimos igualdad, respeto y justicia ante todo aquello que violente nuestra condición de seres humanos.